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viernes

Águila blanca. Serpiente Negra.02.


“Serpiente negra”, el vil hermano mayor del líder del clan, irrumpe en el poblado acompañado de su sádico hijo Yaotl, ejecutando una cruel venganza sobre la familia de “Águila blanca”. Violación a la cuñada y empalamiento del líder.


La escena que estaba viviendo en el poblado era dantesca.

Jatziri, la hermosa rubia mujer del jefe, estaba abrazada a “Águila blanca”, su marido, que permanecía colgado de la rama de un árbol, con los brazos completamente abiertos y clavados al tronco con varios puñales que atravesaban su carne y su piel por siete puntos distintos, con la capa de plumas blancas que llevaba puesta, totalmente bañada en su propia sangre.

“Serpiente negra”, el hermano del jefe de la tribu a la que estaban masacrando en ese mismo instante, con la maldita polla durísima desde que estuvo manoseándole los turgentes pechos a su cuñada en contra de su voluntad, se preparaba para violarla sin piedad.

Itzcoatl agarró la preciosa falda esmeralda que llevaba puesto Jatziri y se lo rasgó con toda su mala hostia, dejándola desnuda de cintura para abajo, con los restos de la prenda destrozados colgándole por la parte delantera de su cuerpo.

-Por todos los Dioses… Menuda hembra – el malvado agresor elogió la excelente figura femenina que estaba a punto de mancillar.

Agarró ambas nalgas y se las amasó, abriéndolas y cerrándoselas con saña, queriendo causarle daño y humillación hasta el máximo extremo posible. “Serpiente negra” sentía profundas palpitaciones de puro gozo en su miembro, iba a disfrutar de aquello como nunca. El malvado ser lamió con deseo el pequeño tatuaje de la silueta de dos pájaros que su cuñada lucía en el omoplato derecho, símbolo habitual con el que las mujeres de ese clan marcaban esa parte de su cuerpo cuando parían un hijo sano. Dos bellas hijas, dos tatuajes.

Las jóvenes hermanas sollozaban. Todavía no podían creerse lo que le estaba pasando a su familia. No lo entendían en absoluto. ¿¿Por qué su tío y su primo se habían vuelto así de locos?? ¿¿Y por qué sentían tanto odio hacia ellos precisamente?? Pero las respuestas a aquellas incógnitas todavía tardarían en llegarles.

-¡Deja a mamá en paz! – exigió Eleuia, la mayor de las hermanas.

Mientras Mazatzin, la más joven, se tapaba los ojos para no tener que enfrentarse a los terribles hechos que estaban sucediendo, y los que todavía les quedaban por vivir.

Itzcoatl de pronto soltó los cachetes deliciosos de su cuñada, se acercó a paso rápido y firme, con el ceño fruncido, a Eleuia y le soltó un tremendo bofetón con la mano girada que no la tiró al suelo porque la sujetaban dos hombres para que no escapara.

¡¡¡PLASSSSSS!!!

-¡AAH! – se quejó “Deseo”, quedándose muda por la impresión.

-¡Como vuelva a oír un solo grito haré que te arrepientas! ¡¿¿Me has entendido, zorra??! -

La mayor de las hermanas asintió llorando copiosamente en silencio. Se sentía completamente aterrorizada. Jamás la habían preparado para algo así. Ella estaba destinada a formar una familia, a engendrar al siguiente líder del clan. A una vida de tranquilidad dentro de lo que cabe. Ahora… ahora todo su mundo se había desmoronado. Todas sus creencias. No podía tener ni idea de lo que pretendían hacerles esos desalmados a sus padres… y menos podía comprender hasta qué punto iba a cambiar su vida y la de su hermana menor a partir de ese instante. Solo tenía claro que aquello no estaba del nada bien y que todos en su familia iban a sufrir muchísimo.

Acto seguido, “Serpiente negra” se giró hacia Mazatzin y le tiró muy fuerte de su pelo rubio oscuro, separándole sus manitas de la cara.

-Y tú más te vale que miras y aprendas lo que un hombre espera de su mujer – le dijo Itzcoatl, fijando sus orbes azabache en los azules de la niña.

-¡¡ME DAS ASCO!! – gritó la pequeña.

-Como si eso me importada demasiado… ¡jajajajaja! – le respondió de manera sarcástica el hombre que casi le triplicaba la edad, y luego soltó una potente risotada.

Sin previo aviso, “Serpiente negra” apretó sus labios contra la jugosa boca de su pequeña presa y comenzó a morrearla con verdadero deseo ardiente creciéndole en las entrañas. La joven “Venadito” le mordió y escupió a su tío en la cara. Escupitajo que Itzcoatl le devolvió dentro de su boquita de niña y que le hizo sentir arcadas. Pero no llegó a vomitar.

-Vosotros aseguraos que no vuelvan a hablar y que vean todo lo que le haga a su madre – les ordenó a sus hombres.

Éstos se afanaron a cumplir con ese mandato. No querían ser ellos los receptores de la famosa ira de Itzcoatl. Así que, mientras unos sujetaban a cada niña tapándoles las bocas, otros mantenían sus cabezas rectas y los ojos bien abiertos. Eleuia y Mazatzin quedaron así incapacitadas para quejarse por nada que pasara, y obligadas a ser testigos indefensos de la tragedia que les ocurriría a sus progenitores.

El malvado semental se acercó a su cuñada y la hizo atar cara a cara abrazada al cuerpo ensangrentado de su marido “Águila blanca” con una cuerda robusta. El hombre que había sido un poderoso líder, ahora se debatía entre la vida y la muerte por la pérdida constante de aquel líquido vital carmesí que iba derramándose sobre el suelo del bosque. Los enamorados se besaron suave en los labios una última vez.

Jatziri intentaba mantenerse firme y no llorar, por su marido moribundo, y sobre todo por sus pequeñas hijitas, que estaban siendo obligadas a mirarlo todo. Debía mantenerse valiente por ellas.

-No puedes llegar a imaginar la de veces que he soñado con poseerte – le dijo “Serpiente negra” junto a su oído, acariciándole al mismo tiempo el cuerpo desde atrás, sus pechos y su estómago, las caderas y los glúteos.

-Haz lo que tengas que hacer maldito cobarde – le replicó rabiosa la mujer a su cuñado.

-Oh, no hace falta que me des permiso, mi querida Jatziri jajajaja – respondió aquel cabrón de ego inflado hasta las nubes.

El salvaje ser se apartó la túnica a un lado, sacó su durísimo pollón elefantino de su taparrabos y la agarró con fuerza apretándoselo. Joder estaba excitadísimo. La polla de Itzcoatl era descomunal. Gruesa como una lata de refresco, y larguísima. Debía llegarle hasta las rodillas. Muy oscura, como el resto de su piel. Inflada hasta el extremo y surcada por multitud de venas hinchadas. El capullo era mucho más grueso que el resto del tronco, como una pera invertida. Sus enormes cojones negros colgándole en la base le hacían juego a aquella cosa imposible, todo ello rodeado por una abundante mata de pelos retorcidos y ásperos.

Además, el tatuaje piel de serpiente que llevaba el violador por todo cuerpo, cara, brazos y piernas, también lo tenía en su polla y huevos. Realmente verla erecta y en la espléndida de su figura aterrorizaría a la más puta de las mujeres. Las jóvenes Eleuia y Mazatzin se sorprendieron muchísimo al ver eso. Habían visto la de su padre, “Águila blanca”, que era de un tamaño generoso, y aquello era un aparato descomunal y monstruoso en comparación. Estaban alucinadas con el tremendo pollón de su tío, como lo habría estado su madre si hubiera podido girarse para ver lo que estaba a punto de caerle encima.

“Serpiente negra” se acercó a su víctima. No se molestó ni en escupirle a la hembra en su coño reseco de puta. Quería que le doliese hasta el alma con cada embestida. Sencillamente la agarró de su cadera y empujó contra ella con toda la mala hostia que llevaba reservándole dentro de su oscura alma durante años, incrustándole su firme miembro viril espantoso, quedando dos terceras partes fuera de su raja.

-¡¡¡AAAAAAAaaaaAAAAAAaaaaaaAAAAAAHH!!! – la mujer rubia soltó un alarido ensordecedor cuando sintió aquella enorme anaconda de puro hierro ardiente atravesándola y desgarrándole su zona más sensible.

-¡CALLA MALDITA PUTA ESCANDALOSA! – exclamó su cuñado el violador.

Mostrando que no tenía piedad, “Serpiente negra” se retiró de su interior y embistió de nuevo contra su vagina dolorida con todavía más saña.

-¡¡¡¡AAaAAaaAAaAAaAAHH!!! ¡¡¡NOOOOOOOOOOOO!!! – aunque Jatziri se había prometido no armar un bochornoso espectáculo a su esposo y sus hijas, no pudo contenerse.

Acto seguido, Itzcoatl inició un folleteo brusco, rudo, animal, con el que pretendía destruir no solo el cuerpo, sino al mismo tiempo también la cándida alma de la zorra de su cuñada. Con cada dura empotrada pretendía ser capaz de profundizar más y más en el rico coño de aquella cerda que tan cachondo le ponía.

Ante semejante espectáculo, el moribundo “Águila blanca” no apartaba sus orbes de los de su amada esposa, intentando mantenerse él firme por los dos. Lo cual era bastante difícil, pues cada vez que el desalmado de su hermano mayor empotraba a Jatziri contra él, podía notar los enormes cojones llenos de leche de “Serpiente negra” golpeándole a él su entrepierna. Toda aquella situación era demasiado… Cualquiera que viviese algo parecido tenía que acabar loco. Y sus hijas allí viéndolo todo… sus queridas “Venadito” y “Deseo”, tan jóvenes, moldeables, indefensas.

Itzcuauhtli se odió a si mismo por saberse el causante del origen del profundo odio y oscuro deseo de venganza de su hermano mayor Itzcoatl. Pero aquel sería un secreto que pensaba llevarse a la maldita tumba. No había mantenido silencio por tantos años para terminar rindiéndose ahora que estaba llegando su fin. Ya rendiría cuentas con quien tuviera que hacerlo en la otra vida.

-¡¡SIIIIIII!! ¡¡QUE COÑO TIENES CUÑADA!! ¡¡ME ENCANTA FOLLARTE!! – “Serpiente negra” elogiaba así a la hembra que mancillaba. Realmente estaba disfrutando de lo lindo violándola.

-¡¡AAAAaAAAAaAAAAaAAAAaaAAHHH!! – la pobre Jatziri no hacía más que aullar como una perra.

Al tener su vagina completamente seca, cada vez que su cuñado arremetía contra ella, insertándole su duro y enorme pollón negro ya casi hasta los putos huevos, la desafortunada hembra notaba como el interior de su zona más íntima y sensible se rajaba, se desgarraba a cada embiste de aquel hijo de la gran puta, que la martirizaba con su descomunal rabote, causándole un grandísimo dolor punzante.

-¡¡¡NNGGGGHHHAAAAAAGGGHH!!! – la mujer del moribundo jefe comenzó a soltar potentes quejidos guturales.

Y cuanto más se quejaba ella, más lo disfrutaba él.

-¡¡APRENDE LO QUE ES FOLLADA POR EL RABO DE UN VERDADERO SEMENTAL Y NO POR ESE RIDÍCULO GUSANO QUE LE CUELGA A TU MARIDO ENTRE LAS PIERNAS!! – le dijo Itzcoatl.

-¡¡AAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH!! – más gritos desgarradores como respuesta.

Sus embestidas eran bestiales y tremendamente dolorosas para Jatziri, que deseaba morir en ese preciso instante, para no tener que soportar ni una sola penetración más. “Serpiente negra” violentaba su orificio con sadismo, sintiéndose tan caliente que creía que perdía la cabeza. Agarró a su víctima por el cuello, ahogándola con una mano y la otra la puso en su cachete, aprisionándolo con saña entre sus firmes dedos.

La sangre que manaba del coño de su cuñada comenzó a actuar como lubricante, lo que permitió por un lado que las brutales penetraciones no resultasen tan increíblemente dolorosas para la mujer de pelo castaño claro, pero en contra su violador ahora podía meterle más profundo aquella gigantesca anaconda negra que tenía por rabo.

-¡¿¿TE GUSTA MI REGALO PUTA DE MIERDA??! ¡JODER COMO VOY A DISFRUTAR PREÑANDOTE QUERIDA CUÑADA!! – espetó el negro.

-¡¡¡¡¡NOOOOOOOOOOOOO!!!!! ¡¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAHHH!!!! ¡¡¡¡ITZCOATL NO POR FAVOOOOOR!!!! – Jatziri sacó fuerzas de donde no las tenía para lograr responderle a aquel animal salvaje que la violaba.

“Serpiente negra” empotraba a su cuñada con una violencia descomunal. El sonido de sus enormes y colgantes cojones oscuros golpeando contra el cuerpo de ella y de su hermano menor era constante, cada vez más rápido e intenso. El bastardo agarró a la mujer de su coleta castaña clara y tiró con fuerza hacia atrás, para que levantara la cabeza.

-¡¡¡MIRA A TU MARIDO CERDA!! ¡¡¡QUIERO QUE LO MIRES MIENTRAS TE PREÑO!!! – dijo el malnacido, aumentando cada vez más y más la velocidad a la que se follaba a la esposa de su odiado hermanito.

Jatziri fijó sus pupilas marrones en los orbes negros de “Águila blanca” y lloró en silencio. Se había rendido. Itzcuauhtli también lloraba mirando a su esposa siendo mancillada y torturada de aquella cruel manera por ese hombre que era sangre de su propia sangre, y sabiéndose culpable de todo. La vida escapaba de él con cada chorro de sangre que caía al suelo de su multitud de heridas abiertas.  Susurró un:

-Perdóname… - sin apartar la mirada de su amada Jatziri.

-¡¡¡NO ES ELLA QUIEN TE TIENE QUE PERDONAR HIJO DE LA GRANDISIMA PUTA!!! – rugió “Serpiente negra”, y acto seguido añadió – ¡¡YAOTL, AHORA!! – avisando a su hijo de algo que tenían planeado de antemano.

El joven sádico de orbes bicolor, que había permanecido atento a la espalda del jefe del clan “Águila Blanca”, arrancó el taparrabos a su tío, y apartó su larga capa ensangrentada. Así pudo situar la larga lanza blanca con plumas que le ha quitado a aquel bastardo, bien firme con ambas manos, y con el extremo más afilado de la flecha contra su culo. Estaba claro lo que pensaba hacer.

-¡¡¡¡ITZCOATL NOOOOOOOOOOOOOOO!!!! ¡¡TE LO RUEGOOOOOOOOOO!! – suplicó Jatziri, que podía ver claramente las sádicas intenciones de su cuñado y su sobrino, por cómo estaba amarrada.

-¡¡QUE TE CALLES PUTA DE MIERDA!! – le replicó su violador.

Entonces, en un acto de extrema maldad, “Serpiente negra” sacó su gigantesca anaconda negra dura como una maldita piedra, la extrajo del todo del coño ardiente de su cuñada. Vio lo hinchado, enrojecido, ensangrentado y dilatado hasta lo máximo posible que lo tenía y se alegró.

-¡VOY A FOLLARTE TAN DURO CERDA QUE JAMAS VOLVERAS A SENTIR NADA SI NO SOY YO QUIEN TE PENETRA CON MI DURA POLLA DE SEMENTAL! – amenazó él.

Tras aquello, Itzcoatl agarró las caderas de su hermosa cuñada rubia de orbes celestes, y embistió contra ella con la misma saña de antes, pero ahora al estar más dilatada y lubricada, consiguió ensartarle su elefantino trabuco hasta las putas pelotas de un solo embiste.

-¡¡¡AAAAAaaaaaaaaAAAAAAAAAAaaaaaaaaAAAAAAAAAAAHH!!! – ella comenzó a aullar de nuevo, adolorida hasta el infinito una vez más.

-¡¡ASI CERDA DEL DEMONIO!! ¡¡¡GRITA MAS ALTO!!! ¡¡ME PONES A MIL!! – fue la respuesta que recibió de su cuñado de piel oscura y orbes azabache.

-¡¡¡AAAAaAAAAaAAAaaAAAAaAAAAaAAAaAAA!!! – gritos y más gritos de Jatziri.

“Serpiente negra” inició entonces una follada intensa, profundísima, tenía que estar destrozándole el puto estómago a esa zorra. La empotraba con tal rabia que parecía que quisiera sacarle el jodido capullo por la boca. La velocidad de sus penetraciones era vertiginosa. El semental furioso rugía como un animal salvaje. El dolor que sentía Jatziri al ser violada con esa monstruosidad de rabo era inhumano. Insoportable. Le ardía todo por dentro, sufría punzadas incesantes en su útero y su vagina, y sentía su conducto tan lleno y expandido por la imposible cantidad que estaba cobijando dentro y a lo bruto, que le daba la sensación de que, en cualquier momento, ese malnacido la rajaría partiéndola en dos por la violencia salvaje de sus acciones.

Yaotl tenía que esperar a que su padre se corriera para empalar al cerdo de su tío, pero no pudo estarse quieto.  Sin pensárselo dos veces, de golpe penetró el estrecho ano de “Águila blanca” con el extremo afilado de la flecha de su propia lanza, sodomizándole y torturándole con ese afilado objeto que le destroza las entrañas. El jefe no quiere morir de manera indigna, así que se aguantó las tremendas ganas de gritar que sintió. Solo esperaba que ese cabronazo terminase pronto con todo aquello, y rezó a los Dioses que tuvieran la bondad de llevarse pronto con ellos también a su esposa Jatziri, y a sus hijas Eleuia y Mazatzin, para que no tuvieran que sufrir terribles tormentos a manos de esos psicópatas de su propia familia. Pero esa última petición no fue atendida.

Cuando llegó el momento que “Serpiente negra” ya no pudo soportarlo más y notó que le venía el clímax. Empotró una última y bestial vez a su cuñada, clavándole su pollón enorme larguísimo hasta lo más hondo de su raja de puta y comenzó a correrse con el gustazo más enorme de su vida directo a su útero.

-¡¡AAAAAAAAAHHH!! ¡¡SIIIIIIIIIIII!! ¡¡¡JODEEEEEEEEEEER!!! – exclamó el violador en éxtasis. Tras tantos años esperando y planeando su venganza, por fin la estaba llevando a cabo, y las sensaciones que recibía a cambio eran increíblemente intensas y retorcidamente placenteras.

-¡¡¡NONONOOOOOOOOOOO!!! ¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!!! – la de pelo castaño claro se hundió en la impotencia cuando notó como aquella polla monstruosa comenzaba a soltar literalmente lo que parecían ser litros infinitos de leche.

Itzcoatl, inundó el coño de su hermosa cuñada con potentísimos chorretones de lefa. Tanto se corrió en su interior, que la barriga de Jatziri había quedado visiblemente abultada.

Al ver que su padre se corría, el sádico con peinado mohicano, empujó con toda su maldita fuerza la lanza dentro del culo de su tío, apoyó el extremo inferior contra una roca y agarrando el cuerpo del jefe de la tribu “Águila blanca” para tirar de él hacia abajo y atrás, consiguió empalarlo en tiempo récord.

-¡AAaAAAaaAAGHHhhHHhhHH…! – fue todo lo que pudo decir el jefe empalado.

El de orbes bicolor era tan sumamente sádico, que al ver lo que había hecho casi se corre del puto gusto él también. Pero prefería reservarse para lo que vendría a continuación, que sería de largo muchísimo más placentero que eso.

Cuando Jatziri se dio cuenta que a su marido le salía el extremo afilado de su propia lanza por la boca, y entendió que él había muerto a manos de su sobrino, mientras el indeseable de su hermano mayor se corría dentro de ella con intención de preñarla, se quedó completamente en shock. Pálida y muda, sin poder apartar la mirada de su amado “Águila blanca”, a quien seguía forzosamente abrazada por las ataduras.

“Serpiente negra” se apartó medio paso y dejó que su anaconda se fuera retirando del cálido interior del coño de la puta de su cuñada poco a poco. A medida que su larguísimo pollón de negro se iba desinflando, de la raja temblorosa y maltratada de Jatziri manaba como una jodida fuente de espesa leche de semental que el bárbaro había dejado en su interior. Cuando finalmente se la sacó del todo, su coño palpitante continuó chorreando esperma un rato más, hasta que su barriguita quedó desinflada y ella vacía y destrozada, tanto física como emocionalmente.

-A ELLA NI TOCARLA. LA QUIERO VIVA - ordenó el violador a sus hombres.

Su intención inicial había sido matar a la cerda de su cuñada tras violarla. Pero había gozado tanto torturándola con su polla, que decidió conservarla para futuros placeres violentos y lascivos.

Claudio y Aleksandr. La insurrección de un esclavo. [4/4]

Aleksandr castiga duro a Claudio, para que lo reconozca de una vez como su Amo.




“Espero que hayas aprendido la lección” le dijo Aleksandr a Claudio, que estaba medio desmayado sobre la mesa “A partir de ahora me tratarás de usted. Yo seré tu Amo y me obedecerás en todo lo que te ordene”

Pero a pesar de la terrible violación del que acababa de ser víctima, el joven patricio no iba a dar su brazo a torcer tan fácilmente “Que…. Te… Jodan….” Susurró casi sin fuerzas y sin aliento “Te mataré… Aleksandr…. Lo… Juro….”

Al oír esas palabras, el hombre de pelo castaño se sintió lleno de ira y rencor. Ni con el culo destrozado Claudio quería comerse su orgullo ¡¡Menudo gilipollas!! Pero él haría que el niño cambiara de opinión. Conseguiría que estuviera lamiéndole los pies antes de que amaneciera.

“Tú lo has querido” le respondió Alek, y salió a paso rápido en dirección a la habitación del crío, de donde cogió la misma vara con la que Claudio había amenazado con sodomizarle. Le haría probar su propia medicina, y lo haría de manera tan humillante y drástica, que Claudio solo tendría dos opciones. Morir entre terribles dolores con su orgullo intacto, o seguir viviendo convertido en la puta de Aleksandr.

El germano volvió sobre sus pasos, pero en vez de entrar en la cocina, se dirigió al comedor. Allí observó detenidamente aquel objeto. Era un largo y grueso consolador de madera, aunque no tenía la típica forma de rabo. En uno de los lados, que era el más estrecho, pero aun así era más grande que su propia polla, tenía engastado un cilindro de metal lleno de pinchos. El pedazo de madera se iba ensanchando hacia el otro extremo, hasta llegar a tener el doble de anchura que la zona metálica. Aleksandr alzó la mirada y observó en el techo, para ver dónde había alguna viga que pudiera usar para sus propósitos. Cuando la encontró, se situó debajo de la misma y empezó a golpear las baldosas del suelo con la empuñadura de su espada. En seguida se rompieron por un lado. Quitó los trozos más grandes, y hizo un agujero en la tierra que había debajo con la punta de su espada.

Una vez tuvo todo preparado, entró en la cocina, donde Claudio todavía se encontraba medio inconsciente, gimoteando por el dolor. Alek golpeó fuerte la mesa con el extremo metálico de la maza, y el potente sonido hizo que el menor abriese los ojos de golpe. Al encontrarse con aquel objeto ante su cara se quedó pálido. No le hizo falta hacer preguntas para saber qué sucedería a continuación.

“Veamos cuanto tardas en suplicarme que, como tu Amo, tenga piedad de ti” le dijo Aleksandr. Claudio no respondió nada, pero empezó a sentir un enorme pánico. ¡¡Ese bruto no podía atravesarle con aquello!! ¡¡Iba a matarlo!!

Sin perder más tiempo, el germano soltó las ataduras del joven patricio, y se lo llevó a rastras, cogido por el brazo, hacia el comedor, con la maza y la cuerda en la otra mano. A su alrededor, los que habían sido esclavos en aquella casa empezaban a poner orden, sacando fuera al patio los cadáveres de los guardias asesinados, y limpiando el estropicio dentro.

Al joven rubio no le quedaban fuerzas para debatirse, así que caminó como pudo siguiendo al bárbaro salvaje por la casa, hasta el comedor. Sentía el culo ardiéndole, los intestinos hinchados y doloridos, y un fuerte dolor en su ego herido. Pero su alma todavía no estaba vencida. Aún le quedaba un mínimo de dignidad, y no pensaba rendirse ante ese animal, aunque le fuera la vida en ello. La lástima para él era que Aleksandr no tenía pensado matarle, sino provocarle tantísimo dolor manteniéndolo vivo, que no le quedaría más remedio que rendirse por completo ante él.

“Este juego te va a encantar, zorra” empezó a decirle el germano cuando llegaron a su destino “Tú ibas a sodomizarme con ese palo ¿No es verdad? Pues ahora comprobarás en tus propias carnes lo que querías hacerme sentir a mí”

Tal cual le dijo eso, tiró un extremo de la cuerda hacia el techo, pasándola por encima de la viga, y sujetando bien uno de los lados, ató las muñecas del menor juntas. Luego Alek metió de un fuerte golpe la vara dentro del agujero que antes había hecho en el suelo, y el palo quedó completamente en vertical, con el extremo metálico apuntando al techo.

“No funcionará… antes muerto que convertirme… en tu esclavo” le dijo Claudio con su afónica voz, mientras observaba de reojo los movimientos del contrario.

Pero Aleksandr se rio de aquel comentario “¡Jajajaja! ¡Ya veremos si eres capaz de soportar más de un minuto este palo metido hasta el fondo de tu precioso culo de puta!” fue la respuesta que le dio.

Acto seguido, el germano se quitó el cinturón y se lo puso al que había sido su Amo en la cintura. De aquella manera tendría un punto de sujeción adicional con el que conseguiría llevar a cabo aquella tortura con la mayor precisión posible. El chiquillo de pelo rubio permanecía mudo y con el cuerpo tembloroso. Sus preciosos orbes color miel estaban perdidos en algún punto de la habitación.

“Ya está” dictaminó el mayor “Podemos empezar” añadió luego, y utilizando ambas manos, tiró de la cuerda que había atado a las muñecas del niño.

La cuerda se tensó, pasando por la viga del techo, y Claudio notó como le obligaba a alzar sus manos por encima de su cabeza.

“Un poco más” dijo Aleksandr a continuación, y volvió a tirar con fuerza de la cuerda, esta vez levantando al crío del suelo y dejándolo alzado “Perfecto” susurró al ver que el culo del chico quedaba situado justo encima del extremo metálico del consolador de madera.

Aquella situación duro apenas unos segundos, instantes durante los cuales el joven patricio tensó todos los músculos de su cuerpo y cerró los ojos, previniendo el fuerte dolor que le vendría encima. Pero nada podía prepararle para lo que sucedería a continuación.

Aleksandr mantuvo la cuerda tensa con una sola mano. El menor tenía un cuerpo muy pequeño y no pesaba demasiado, y el hombretón estaba muy acostumbrado a realizar duras tareas domésticas, además de ser un luchador consumado. Así que tener que soportar el liviano peso de Claudio con un solo brazo no le resultaba problemático. Con la mano que le quedaba libre agarró el cinturón y se ayudó con él para terminar de situar el cuerpecito del menor en el lugar correcto.

“¡¡AHORA!!” gritó Aleksandr, al tiempo que soltaba de golpe la cuerda y guiaba con la mano en el cinto el cuerpo que caía a peso.

“¡¡NOOOOOOOOOOO!! ¡¡WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHH!!” gritó el menor, al sentir como aquel enorme cilindro metálico, frio y lleno de púas se le quedaba clavado justo en la entrada de su hasta hace poco virginal culo. La bola metálica era tan gorda que no había podido metérsela en la primera embestida, y se había quedado trabada, encajada de mala manera entre las nalgas del menor, dilatándole su estrecho esfínter.

Aleksandr dejó el cuerpo del crío colgando de la cuerda y caminó hasta situarse a la espalda del muchacho. Puso sus dos manos grandes, manos de hombre fornido, en los muslos de Claudio y empezó a acariciarle allí. Luego subió por sus costados

“Si quieres que termine con esta tortura ya sabes lo que quiero oír” le dijo con tono amenazante con la boca pegada a su oído “Suplícale a tu Amo que te perdone la vida, y quizás me lo piense”

”¡¡NOOOOOO!! ¡¡WAAAAAAAAAAAAAH!! ¡¡QUITAMELOOOOOOO!! ¡¡ME DUELEEEEEEE!! ¡¡¡MALDITO BASTARDOOOOOOOOOOOOOOO!!!” el pobre Claudio sentía un dolor tan intenso en su ano que pensaba que se moriría allí mismo.

El hombretón germánico disfrutaba sádicamente de los gritos y movimientos del chico, que en un vano intento de intentar sacarse aquel puntiagudo y gruesísimo objeto de la entrada de su culo, meneaba las piernas alzadas en el aire, casi como bailando.

“No lo dices bien, escoria. Si quieres que te lo quite tendrás que decir “Por favor, Amo Aleksandr, quíteme ese palo del culo”” el mayor utilizaba un tono burlesco con su enemigo, mientras se hinchaba de orgullo al ver a Claudio sufriendo tanto.

“¡¡NO LO HAREEEEEEEEEEEEEEEEEEE!! ¡¡¡JAMAAAAAAAAAAS!!!” gritó de manera tozuda Claudio.

Eso fue más de lo que la escasa paciencia del germano podía soportar. Así que cogió a Claudio por las piernas, sujetándoselas bien abiertas, lo alzó un par de palmos, separándole momentáneamente del terrible instrumento de tortura sexual, y apenas el chico rubio había dado un suspiro por creer que había conseguido vencer aquella batalla de egos, que Aleksandr atacó de nuevo contra él, pero esta vez no se conformó con dejarle caer a peso sobre el cilindro metálico puntiagudo, sino que además él mismo tiró del cuerpo del patricio hacia abajo, obligándole con sus poderosos músculos a clavarse ese palo entero del todo dentro.

“¡¡¡WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHH!!!” gritó de manera terrible el menor, al sentirse empalado por aquel gigantesco cilindro de metal lleno de púas.

El esclavo de pelo castaño había atinado con tanta puntería, que el agujero posterior de Claudio golpeó con todo el peso de su propio cuerpo contra el extremo de la vara donde estaba el cilindro de hierro con púas. En condiciones normales habría resultado imposible que semejante artilugio le cupiera dentro, habría rebotado contra su estrecho culo provocándole un fuerte dolor y un hematoma, pero nada más. Pero Claudio había sido brutalmente violado por Aleksandr hacía escasos minutos. Su estrecho culo recién desvirgado estaba lubricado con la propia sangre del menor, Y se había dilatado lo suficiente como para que al sentir la presión de esa esfera de hierro terminara cediendo, dejando pasar al monstruoso garrote, ahora sí desgarrándole por completo sus paredes intestinales y provocándole un abundante sangrado en su recto.

“¡¡¡WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHH!!! ¡¡¡¡NOOOOOOOOOO!!!!   ¡¡AAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHGGGGGGGGGGG!!” Claudio pensaba que iba a morir de verdad. Ahora sí que le había llegado la hora. El reguero de sangre que le corría por entre las piernas era impresionante.

Pero Aleksandr, como si le hubiese leído el pensamiento le dijo “No permitiré que mueras. Te empalaré con este maldito trasto hasta que me supliques por tu vida. Serás mi puta. ¡O te juro por todos los Dioses del Olimpo que te atravesaré entero con ese palo y haré que te salga por la puta boca!”

En cuanto el germano hubo proferido la última amenaza, tiró con todas sus ganas de la cuerda con la que sujetaba unidas las manos de Claudio y alzó su cuerpo de un solo tirón. El grueso cilindro metálico se salió del esfínter del menor con un chapoteo sangriento. Al patricio empezó a temblarle sin control todo el cuerpo. Gruesas lágrimas de dolor caían por sus níveas mejillas de púber. Sentía que le había sacado de sitio los hombros de la fuerte sacudida que acababa de darle. Pero nada superaba el intensísimo daño punzante y palpitante que le llegaba de su trasero. Su orgullo herido se tambaleaba.

“¡Sigo sin oírte suplicar, escoria!” le gritó Aleksandr al menor.

Pero Claudio estaba como ido. Para su desgracia no se había llegado a desmayar, pero no podía más con su alma. Aquella terrible tortura era demasiado para él. No podía soportarla más. Aun así, un pequeño resquicio de orgullo permanecía intacto en su interior, y le impedía abrir la boca y llamar Amo a ese malnacido.

“¡¡Tú te lo has buscado!!” bramó el semental de ojos color azabache, y volvió a dejar caer a peso el cuerpo maltrecho del que había sido su joven Amito.

“¡¡¡WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHH!!!” Claudio soltó de repente un aullido aterrador, al mismo tiempo que abría los ojos de par en par y notaba como su culo se partía en dos, con ese pedazo enorme de hierro puntiagudo abriéndose paso por sus entrañas. Y por fin se obró el milagro. Claudio se tragó el último pedazo de orgullo que le quedaba intacto, y susurró con la voz rota por la agonía

“Basta…. Haré lo que tú me ordenes… pero no me hagas más daño… por favor…”

Aleksandr sonrió con sadismo. Por fin había conseguido arrebatarle su orgullo a ese bastardo prepotente. Pero todavía no lo liberaría. Claudio tendría que demostrarle que hablaba en serio. Así que el hombretón germano se situó de nuevo delante del patricio y le dijo:

“¡Háblame de usted!” y PLASSS le soltó un guantazo con la manaza abierta que le giró la cara.

El menor lamió la sangre que empezó a manar de su boca “Señor… por favor” suplicó en un susurro.

Aleksandr se divertía de lo lindo viendo como el chico no se atrevía ya ni a alzar su rostro para mirarle a la cara. Pero quería más.

“A partir de este momento pasas a ser mi esclavo. Dejas de tener nombre y pasado. Te usaré como a mí me plazca, y tú me lo agradecerás como la perra bastarda que eres. ¡¿Lo has entendido, basura?!”

Claudio empezó a llorar de nuevo. Le ardía el culo, donde todavía tenía insertado ese estúpido palo que él mismo había comprado para torturar a su esclavo, y con el que Aleksandr finalmente le había terminado torturando a él. Estaba derrotado y hundido en la miseria. Sólo deseaba que todo aquello terminara pronto, y haría lo que fuera por conseguirlo.

“Si, Amo, lo he entendido. Soy un perro. Basura. Gracias…” consiguió balbucear.

“Vas a tener que convencerme, puta, porque no me creo ni una sola palabra” fue la respuesta del mayor.

Acto seguido el hombretón de pelo castaño ató la cuerda con la que sujetaba unidas las manos del chico rubio, para que se quedara empalado en aquella vara con extremo metálico, sin moverse, y dejándose así él mismo las manos libres para actuar.  Entonces le quitó a Claudio el cinturón que le había puesto en la cadera y se lo cerró en torno al cuello, sujetando uno de los extremos con su mano. Usó la otra mano para dejar salir a la luz su monstruoso rabo.

“Chúpame la polla” le ordenó Alek con tono imperativo, y mucho odio en su voz, al tiempo que empezaba a tirar del cinturón que le había puesto a Claudio en el cuello, obligándole a bajar la cabeza si no quería morir ahogado.

El joven patricio abrió sus labios, y a pesar del tremendísimo asco que le daba tener que meterse el rabo de otro hombre entre los labios, no lo pensó y lo hizo. Su boquita de niño era tan pequeña que apenas le cabía dentro poco más que el glande, que era grueso como una manzana. Pero Aleksandr no estaba satisfecho con aquello. Quería que Claudio se comportase como una verdadera puta. Así que tiró del cinturón y ahogó más al menor, dejándole sin aire.

“Quiero notar tu campanilla en la punta de mi polla ¡Abre más los labios! ¡Y usa la lengua para darme placer!” le dijo el mayor, exigiéndole que le hiciera una gran mamada, más digna de una prostituta de lujo que de un patricio de catorce años de edad, que en su vida se había planteado que llegaría a tener la polla de uno de sus esclavos metidas hasta el puto esófago.

Claudio intentó complacer a Aleksandr abriendo todavía más los labios, pero sentía las comisuras de los mismos a punto de rajarse, era imposible que los abriese más. Él mismo empujó su cabeza hacia delante para procurar insertarse unos pocos centímetros más de aquel grueso pollón que le llenaba la boca, pero era del todo imposible. No cabía ni una pizca más de aquella dura y gruesa carne entre sus labios. Era físicamente imposible que el glande llegara a tocar fondo.

Aleksandr se cansó pronto de ver los vanos intentos del menor por intentar cumplir con sus órdenes, aunque le complació mucho que el crío por lo menos lo pretendiera con todas sus fuerzas. Entonces le dijo, con voz muy alta:

“¡Yo te enseñaré como debes chuparle la polla a tu Amo!”

Y tal cual hubo dicho esto, el mayor empezó a bombear salvajemente, follándose sin piedad la estrecha y pequeña boquita de Claudio. El menor sentía que se moría. Con cada golpe de cadera que Aleksandr daba contra su cara, por la brutalidad del golpe su cuerpo se veía impulsado hacia atrás y hacia abajo, y su ano se desgarraba un poco más, cediendo ante el avance lento pero inexorable de la terrible estaca que tenía empalada en el ano, y que se ensanchaba a cada centímetro que se adentraba en su trasero. Además de eso, los hombros le habían quedado en una postura muy forzada, y le dolían con el balanceo. Su cuello estaba siendo estrangulado por el cinto. Y ahora además tenía que soportar la violenta follada que Aleksandr le daba a su boca. Los enormes y peludos huevos del germano rebotaban contra la parte baja de su barbilla. Le ardían los labios de la feroz fricción contra la piel del contrario. El menor había creído de verdad que era absurdo pensar que el enorme pollón de Alek llegara a meterse más adentro de su boca, pero sí que lo hizo. Vaya si lo hizo. Tras unos larguísimos minutos de crueles embestidas, el glande del tamaño de una manzana golpeaba sistemáticamente el fondo de la garganta de Claudio, más allá de su campanilla. Desde fuera se le veía el inicio del cuello completamente deformado, como cuando una serpiente se traga entera una presa más grande que ella. Ahora el chico tenía en su tráquea un pollón más grueso que su pierna, frotándose de manera constante. El placer que estaba recibiendo Aleksandr en ese momento, sintiendo la tráquea del menor presionándole la polla de aquella manera era indescriptible. Casi tan bueno como había sido romperle el culo. Por ese motivo el mayor no aguantó demasiado tiempo, y terminó llenándole la garganta, el estómago, y la boca con una espesa y cálida corrida que parecía no terminar nunca. Litros de amarga lechada llenaban al joven rubio por dentro, en tanta cantidad que cuando Alek al fin decidió desincrustar su poderosa polla del cuello del chico, éste terminó vomitando al suelo una buena cantidad de la corrida de su Amo.

En ese momento Claudio se desmayó. Había llegado al límite de su resistencia, física y mental.


A la mañana siguiente Claudio despertó de golpe de un sueño que luego no recordaría, pero que sabía que había sido una pesadilla. Aunque el verdadero mal sueño estaba por caerle encima. El menor se dio cuenta que estaba tumbado en el duro suelo, de lado. Sin manta ni nada que le cubriese su cuerpo, completamente desnudo. Le dolía a rabiar el culo, además del resto de su cuerpo, que estaba lleno de moratones y cardenales. La comisura de la boca le daba pinchazos. Estaba exhausto. Alguien había limpiado sus heridas. No era que Aleksandr se preocupase por él, lo justo para no desear que pillara una infección antes de poder disfrutar de su nueva puta esclava mucho más tiempo. Evidentemente Claudio había quedado manchado de sangre, sudor, lágrimas, excrementos y esperma, y Alek no pensaba acercarse a él hasta que estuviera limpio, y digno para su nuevo Amo.

A penas Claudio acababa de abrir sus ojos, cuando notó un fuerte tirón en el cuello. Mientras había permanecido desmayado alguien le había puesto un pesado collar de hierro, unido a una cadena, que sostenía su Amo entre las manos. Al ver a Aleksandr tumbado en la que hasta ese día había sido su cama, completamente desnudo, con esa tremenda erección en su polla de caballo, Claudio supo en seguida qué debía hacer. Se sentó de rodillas en el suelo, y acercó su rostro al rabo del mayor.

“Amo, permítame darle placer con mi sucia boca” le suplicó Claudio a Aleksandr, y el mayor pudo comprobar, con mucho placer, que ya no quedaba nada de su orgullo de niño rico patricio. Así que le respondió, sonriendo y muy complacido:

“Hazlo, puta. Pero acércate más, que quiero ver cómo te ha quedado el culo” Aleksandr pensaba violar a Claudio por su boca y por su culo cada mañana, cada mediodía, cada tarde, cada noche y cada momento en que consiguiera mantener su polla hinchada y dura. Le llenaría el cuerpo de tanto esperma que terminaría alimentándose solo con eso. Convertiría a Claudio en un ser sin alma ni personalidad, un mero juguete sexual con el que divertirse, y del que deshacerse cuando le viniera en gana.


FiN

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